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Migración y doble vara: “Europa está empezando a pagar sus deudas históricas”

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El analista internacional Pablo Wehbe al analizar la crisis migratoria de Ceuta, donde más de 60 mil personas cruzaron a nado desde Marruecos hacia territorio español.

El especialista vinculó el fenómeno con el colonialismo europeo en África y cuestionó la “doble vara” con la que se trata a los migrantes según su color de piel y su poder adquisitivo.

El docente e investigador explico en detalle la crisis migratoria que atraviesa España en Ceuta, la ciudad autónoma española ubicada en el norte de África, según explicó Wehbe, el vínculo entre Marruecos y España combina varios factores de tensión: la dependencia energética española del gas que atraviesa territorio marroquí, el reclamo histórico de Marruecos sobre Ceuta y Melilla —sin respaldo del derecho internacional, dado que ambas ciudades son españolas desde antes de la formación del Estado marroquí— y el uso del tema migratorio como herramienta de presión política.

“Ceuta y Melilla son la puerta de entrada a la Unión Europea“, señaló el analista, y explicó que el Tratado Schengen —que permite la libre circulación entre los países miembros— convierte cualquier flexibilización migratoria española en un problema para el resto del bloque europeo. Italia, de hecho, pidió apartar a España del tratado tras los sucesos recientes.

Wehbe ubicó el origen inmediato de la crisis en un fallo del Tribunal Superior de España del 8 de julio, que estableció que la Guardia Civil no puede realizar “devoluciones en caliente” —es decir, expulsar de manera inmediata— a quienes no ingresen forzando límites físicos, como una reja o un muro. Quien entra a nado, en cambio, debe atravesar un proceso judicial de expulsión mucho más lento.

“Cuando esto trascendió en Marruecos, dijeron: vamos muchachos, porque no nos pueden echar”, relató el analista, quien remarcó que hubo “complicidad del gobierno marroquí”, que no reprimió ni controló la salida masiva hacia el mar. El cruce, de apenas 200 metros, dejó un saldo de 88 personas ahogadas.

El episodio golpeó al presidente español Pedro Sánchez desde dos frentes. Por derecha, el Partido Popular y Vox lo acusaron de permitir una “invasión” y reclamaron una respuesta más dura, incluso con uso de las fuerzas armadas. Por izquierda, el Partido Socialista, el PNV, Bildu y Esquerra Republicana exigieron respetar los derechos humanos y rechazaron cualquier tipo de represión sobre quienes cruzaban el mar.

Como defensor de derechos humanos, milito en Amnistía Internacional. Para mí todos los seres humanos somos iguales, acá no importa el color de piel ni el tamaño de la billetera”, y trazó una línea directa entre el colonialismo europeo en África —la fragmentación del continente, el secuestro de 33 millones de personas esclavizadas y el saqueo de recursos naturales— y la actual crisis migratoria. “¿Cómo puede ser que el Congo, uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales, tenga la población más pobre del planeta?”, se preguntó, y extendió el ejemplo a Sierra Leona, Nigeria, Sudán y Chad.

También apuntó contra lo que definió como una “doble vara” en el trato a los migrantes, tanto en Europa como en América: “Si es blanquito y le cae bien a algún gobierno, venga señor, quédese con un lago, quédese con media Patagonia. Si es boliviano o paraguayo, ah no, viene a robarnos el trabajo”.

Wehbe extendió el análisis a la Argentina y cuestionó el decreto reciente del presidente Javier Milei que habilita expulsar del país, sin proceso judicial, a extranjeros que “ofendan los símbolos patrios”. “Yo le preguntaría al señor presidente si ese decreto no se lo podemos aplicar a él, con el silencio que mantiene frente al saqueo en las Islas Malvinas de una empresa israelí amiga suya“, ironizó.

El analista también vinculó a referentes de la derecha española, como Santiago Abascal (Vox), con la política argentina, al señalar sus reuniones periódicas con Milei y la cercanía de este último con el húngaro Viktor Orbán.

Sobre el futuro de quienes cruzaron a Ceuta, Wehbe indicó que serán deportados, aunque remarcó que buena parte de esas personas no encuentra trabajo en Marruecos o teme por su vida debido a su condición de opositores políticos o su pertenencia religiosa. “Hablar de migrantes es hablar de potenciales refugiados”, concluyó, y definió a un refugiado como alguien con “legítimo temor a ser asesinado, detenido o torturado por su pertenencia política, sexual, racial o religiosa”.




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