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Ola ascendente de despidos

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La Industria suma olas de despidos masivos: Granja Tres Arroyos, Unilever y Mirgor. Tres crisis diferentes con un resultado cierto, más de 600 puestos de trabajo afectados.

El impacto de la caída de la demanda y la apertura importadora da como resultado que la industria argentina se sume a una ola de despidos. Granja Tres Arroyos desvinculó a 255 empleados de su planta de Concepción del Uruguay, Mirgor envió telegramas a 300 trabajadores en Tierra del Fuego y Unilever cerró una histórica fábrica en Mendoza con otros 60 cesanteados.

Granja Tres Arroyos de una dotación de 700 empleados despidió a 255 trabajadores de su planta avícola de Concepción del Uruguay, un 36%. Ya la fábrica había dejado de producir en mayo y la compañía atribuyó la decisión a una combinación de caída de las exportaciones, sobreoferta en el mercado interno y aumento de los costos.

En Tierra del Fuego,  Mirgor desvinculó a 300 empleados de su planta de Río Grande luego de una escalada del conflicto con la Unión Obrera Metalúrgica y a las sucesivas medidas de fuerza que afectaron especialmente a la fabricación de autopartes.

Mirgor sostiene que las interrupciones afectan particularmente su negocio automotor porque funciona bajo un sistema de producción a pedido de las terminales, sin posibilidad de acumular grandes stocks. La tensión en Mirgor también estuvo atravesada por reclamos gremiales que, según la empresa, excedían la situación de la planta. Entre las medidas de fuerza mencionó un paro contra la reforma del proceso productivo de aires acondicionados, un producto que la compañía no fabrica, y otro en rechazo a la Ley de Tierras. Directivos de la firma viajaron a Tierra del Fuego para intentar destrabar el conflicto, pero la negociación no prosperó.

Unilever directamente decidió cerrar una fábrica que llevaba 62 años funcionando en Corralitos, Guaymallén. La planta producía vegetales deshidratados y desde 2005 era operada por la multinacional para abastecer productos de la marca Knorr. El cierre dejó sin empleo a 60 trabajadores.

La compañía se comprometió a pagar las indemnizaciones completas y sumas adicionales. Sin embargo, el punto central del conflicto pasa por el futuro de la producción que hasta ahora se realizaba en Mendoza. La continuidad de Knorr en el mercado argentino no está en discusión: la multinacional aseguró que seguirá comercializando sus productos en el país. La diferencia es que la provisión podría pasar a realizarse mediante productos importados.

El cierre vuelve así a poner bajo discusión uno de los efectos de la política de apertura comercial impulsada por el gobierno de Javier Milei. Para numerosas ramas industriales, la competencia con bienes fabricados en países con estructuras de costos diferentes agregó presión sobre una actividad que ya enfrenta dificultades por el comportamiento del mercado interno.

Los 3 conflictos tienen causas y características distintas y no pueden atribuirse a un único factor. Pero los más de 600 puestos afectados funcionan como otra señal de alarma para el entramado productivo. Mientras el Gobierno apuesta a la apertura y a una reorganización de la economía basada en una mayor competencia externa, fábricas históricas cierran, otras reducen personal y los trabajadores vuelven a quedar en el centro del ajuste productivo.




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