El licenciado en Relaciones Internacionales analizó el escenario electoral brasileño y advirtió sobre las consecuencias políticas y económicas del avance de la ultraderecha en Sudamérica. Cuestionó el alineamiento del gobierno argentino con Donald Trump y sostuvo que Brasil representa un contrapeso estratégico frente a la influencia de Washington en la región.

Las elecciones de Brasil exceden las fronteras de ese país y ponen en discusión el rumbo político de Sudamérica. Así lo sostuvo Sergio Vargas, licenciado en Relaciones Internacionales y profesor de Política Exterior de la Universidad Católica de Salta.
Uno de los puntos más fuertes de su análisis estuvo dirigido al gobierno de Javier Milei, al que cuestionó por su estrecha vinculación con la administración estadounidense. “Con este gobierno argentino hay una alineación automática, tiene relaciones más que carnales con Estados Unidos”, afirmó, al establecer un paralelismo con la política exterior de la década del menemismo.
Para Vargas, la diferencia entre Argentina y Brasil no es solamente ideológica. También involucra la soberanía, el manejo de los recursos estratégicos y la posición de ambos países frente a las principales potencias mundiales.
“En el fondo, en Brasil se juega su soberanía. Es el último mojón que le queda a Estados Unidos por supeditar o controlar”, sostuvo durante la entrevista.
Milei, Trump y dos modelos para Sudamérica
El especialista consideró que el avance de la derecha y la ultraderecha en América Latina responde a procesos políticos cíclicos, pero advirtió que esta nueva etapa presenta características que merecen especial atención. En su análisis, señaló la influencia de Donald Trump, el peso de determinados sectores religiosos y la construcción de discursos políticos que, a su entender, favorecen posiciones conservadoras y confrontativas.
En ese contexto, vinculó la política exterior argentina con el escenario electoral brasileño y remarcó que el resultado de los comicios tiene implicancias directas para nuestro país.
“La elección no es solamente importante para Brasil, es importante para Argentina, muy importante para Sudamérica”, afirmó.
Vargas explicó que las economías argentina y brasileña mantienen una relación de complementariedad, especialmente en sectores industriales como el automotor. Por eso, consideró que el desempeño económico de Brasil tiene efectos sobre las posibilidades de crecimiento de la Argentina.
“Si a Brasil le va bien, a nosotros también nos va bien”, sintetizó.
El docente también destacó la importancia de que Brasil forme parte de los BRICS, el bloque integrado por economías emergentes que incluye, entre otros países, a China, India, Rusia y Sudáfrica. Desde su perspectiva, esa pertenencia representa una diferencia sustancial con la orientación internacional elegida por el gobierno de Milei.
En esa línea, sostuvo que una continuidad del proyecto político de Lula da Silva fortalecería la alianza brasileña con el bloque y su capacidad para defender intereses estratégicos propios.
La disputa electoral y el avance de la ultraderecha
Al analizar los resultados electorales y las perspectivas de la segunda vuelta, Vargas advirtió que las diferencias políticas no se explican únicamente por la situación económica de un país. También intervienen la edad de los candidatos, las expectativas sociales, la seguridad, las creencias religiosas y la capacidad de comunicar las propuestas.
Como ejemplo, señaló que, pese a los indicadores económicos y sociales favorables que atribuyó a la gestión de Lula, una parte del electorado manifestó su descontento. En su evaluación, el Gobierno brasileño también tuvo dificultades para transmitir los resultados de su gestión y construir un mensaje capaz de llegar a distintos sectores de la sociedad.
“El gobierno que haga las cosas bien, pero que comunique mal, es como si no las hiciera”, advirtió.
Para el especialista, las redes sociales y la circulación de noticias falsas tienen un peso creciente en las campañas electorales. Mencionó que la desinformación puede instalar percepciones contrarias a los datos económicos y condicionar las decisiones de los votantes.
También destacó la influencia de los sectores evangélicos en la política brasileña. Según el dato que citó durante la entrevista, el 52% de los votantes evangélicos habría apoyado a Bolsonaro, una referencia que utilizó para explicar la relevancia electoral de las identidades religiosas.
Vargas consideró que estos factores deben analizarse junto con las dificultades para construir acuerdos políticos y las demandas sociales que los gobiernos no logran resolver.
Privatizaciones, recursos naturales y políticas sociales
En otro tramo de la conversación, el profesor comparó las propuestas atribuidas a los sectores bolsonaristas con algunas decisiones impulsadas por la administración argentina.
Entre los planteos que mencionó se encuentran la reducción de ministerios, la reestructuración de los servicios públicos, los cambios en las políticas ambientales y una mayor orientación hacia la explotación económica de la Amazonía.
Vargas interpretó estas iniciativas como parte de un modelo que busca reducir la intervención estatal y modificar el papel de las políticas públicas en áreas sociales y ambientales.
El entrevistado sostuvo que la disputa electoral enfrenta proyectos de país diferentes: por un lado, una orientación que prioriza la reducción del Estado y una mayor afinidad con Washington; por otro, una propuesta que reivindica la soberanía sobre los recursos estratégicos y la continuidad de determinadas políticas sociales.
Su análisis apuntó así a una discusión que también atraviesa a la Argentina: qué funciones debe cumplir el Estado, cómo se distribuye la riqueza y qué lugar debe ocupar el país en el escenario internacional.
“El poder no es para siempre”
Vargas también dejó una reflexión sobre la volatilidad del voto y la posibilidad de que los resultados electorales cambien entre una elección y otra. Para explicarlo, recordó el proceso electoral argentino de 2023, cuando Sergio Massa obtuvo más votos que Javier Milei en la primera vuelta, pero el candidato libertario se impuso en el balotaje.
“El poder no es para siempre, y no se concentra en un solo lugar. Por más política social que haya, todo es reversible”, afirmó.
La frase resume una de las principales advertencias de su análisis: los resultados de una gestión no garantizan automáticamente el respaldo electoral. Para sostenerlo, los gobiernos necesitan construir acuerdos, atender las demandas sociales y comunicar con claridad sus políticas y resultados.
En el caso brasileño, Vargas consideró que la elección también debe leerse a partir de las expectativas económicas, la inseguridad, la circulación de desinformación y la capacidad de los candidatos para conquistar a los sectores que todavía no definieron su voto.
Una sociedad más justa como horizonte político
Hacia el final de la entrevista, el especialista vinculó el debate político regional con la necesidad de construir una sociedad más justa. Al referirse al futuro de la Argentina y a la búsqueda de nuevos referentes que representen al país en el mundo, cuestionó que se pretenda instalar al presidente Javier Milei como un símbolo nacional equivalente a figuras como Lionel Messi, Diego Maradona o el papa Francisco.
“Me dio escalofrío escuchar eso”, expresó Vargas al recordar esa comparación.
En contraposición, planteó que el país necesita fortalecer la educación, acompañar a las nuevas generaciones y avanzar hacia una distribución más equitativa de la riqueza.
“Yo creo que básicamente es apostar a tener una sociedad más justa”, sostuvo.
Y concluyó con una reflexión sobre la disputa de fondo que, según su mirada, atraviesa a Brasil y al resto de la región: quiénes se benefician del crecimiento económico y cómo se distribuyen sus resultados.
“Se juega en Brasil a ver quiénes van a ganar más en los próximos cuatro años: dos mil familias poderosas de Brasil o doscientos millones de brasileños”, afirmó.
El análisis de Sergio Vargas puso así el foco en una discusión que trasciende una elección presidencial: la orientación internacional de los gobiernos, la soberanía económica, el papel del Estado y el modelo de sociedad que se busca construir en Sudamérica.







