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A 20 años de la ESI, una especialista alertó: “Sin presupuesto nacional no hay cómo llevarla a cabo

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A 20 años de la Ley de Educación Sexual Integral, la especialista cuestionó los recortes nacionales, advirtió sobre las consecuencias en la prevención y la salud pública y sostuvo que la falta de recursos debilita una política fundamental para el cuidado de niños, niñas y adolescentes. Durante su visita a Salta, destacó la apertura de las instituciones provinciales para abordar la temática.

La Educación Sexual Integral (ESI) volvió al centro del debate político y educativo a dos décadas de la sanción de la Ley 26.150. La especialista en Sexología Educativa Beatriz Mordoh cuestionó los cambios en el enfoque de las políticas nacionales a partir de 2023 y advirtió que, sin presupuesto ni recursos para su implementación, una ley puede continuar vigente, pero perder capacidad de respuesta frente a las necesidades de la sociedad.

“Si a una ley le quitan el presupuesto, la ley está vigente, pero no hay cómo llevarla a cabo”, afirmó Mordoh, al referirse a las dificultades para sostener las acciones de educación sexual, prevención y acceso a métodos anticonceptivos. En ese sentido, señaló la falta de preservativos y anticonceptivos gratuitos, la discontinuidad de servicios específicos y las dificultades que enfrenta el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (Plan ENIA), una política que, según destacó, había mostrado resultados positivos.

La especialista explicó que, hasta 2023, la ESI se implementaba en las escuelas de todo el país, aunque con diferencias entre jurisdicciones. A partir de los cambios en la orientación nacional, indicó, se modificaron los lineamientos curriculares y se incorporó una perspectiva vinculada con la educación socioemocional y sexual. Sin embargo, advirtió que la aplicación efectiva de la ley también depende de las decisiones de cada provincia y de las condiciones particulares de cada institución educativa.

Prevención, presupuesto y salud pública

Uno de los puntos más preocupantes para la especialista, estuvo relacionado con el uso de preservativos y la prevención de infecciones de transmisión sexual. Mordoh mencionó un relevamiento que, según relató, indicaba que solamente el 17% de los adolescentes consultados utilizaba preservativo, un dato que consideró alarmante y que vinculó con las dificultades para sostener políticas de educación sexual y prevención.

La especialista remarcó que el acceso a la información debe estar acompañado por recursos concretos. La educación sexual, sostuvo, no puede limitarse a contenidos teóricos: también requiere garantizar el acceso a métodos anticonceptivos, fortalecer los servicios de salud y promover conductas de cuidado.

Asimismo, advirtió sobre la importancia de ampliar la prevención a todas las edades. En particular, señaló su preocupación por los diagnósticos de VIH en mujeres mayores, un tema que, a su entender, demuestra que la educación sexual y el uso de métodos de protección no deben asociarse exclusivamente con la adolescencia o la juventud.

En este escenario, Mordoh cuestionó los discursos que responsabilizan a las mujeres por la disminución de los nacimientos y defienden la maternidad como un destino obligatorio. Consideró que la posibilidad de decidir cuándo tener hijos representa una conquista social y destacó la importancia de que las personas puedan acceder a información para tomar decisiones responsables sobre su cuerpo y su proyecto de vida.

“No se trata de controlar, sino de cuidar”

Frente a las resistencias de algunos sectores familiares y sociales a la implementación de la ESI, la especialista defendió el papel de la escuela como espacio de formación y prevención, sin desconocer la responsabilidad de las familias.

“Los padres tienen que adecuar a ese hijo a una mirada sana, una mirada sin riesgos, una mirada con cuidado, no con control, sino con cuidado, que es diferente”, expresó.

Para Mordoh, la educación sexual permite que niños, niñas y adolescentes conozcan su cuerpo, comprendan los cambios propios del crecimiento, construyan vínculos saludables e identifiquen situaciones que vulneran sus derechos. En esa línea, sostuvo que brindar información de manera temprana puede ayudar a reconocer y denunciar situaciones de abuso que, en otros contextos, podrían permanecer naturalizadas o silenciadas.

La especialista recordó su experiencia de trabajo con estudiantes secundarios a través de una organización no gubernamental, con la que, según relató, llegó a trabajar con 181.000 niños y niñas. A partir de esa trayectoria, explicó que las instancias sostenidas de formación en las escuelas permiten abordar temas que muchas veces no encuentran espacio de conversación en los hogares, desde los cambios corporales hasta las relaciones, el consentimiento y el cuidado personal.

También vinculó la prevención con la salud integral de adolescentes y niños, al advertir que los problemas relacionados con la sexualidad, los vínculos y el bienestar emocional pueden formar parte de situaciones complejas que requieren atención y acompañamiento.

Salta abrió nuevas puertas para la educación sexual

Mordoh destacó especialmente la recepción que tuvo durante su visita a Salta, donde presentó su libro -Manual de Sexología Educativa, una obra de 554 páginas que reúne contenidos vinculados con su experiencia profesional y su propuesta de formación.

La especialista valoró los encuentros mantenidos con representantes del Ministerio de Educación y Cultura de la provincia, profesionales vinculados con la Educación Sexual Integral, autoridades de la Universidad Nacional de Salta y referentes del ámbito médico.

Una ley vigente que necesita políticas concretas

A veinte años de su sanción, la Ley de Educación Sexual Integral continúa siendo objeto de debate en un contexto marcado por las diferencias políticas sobre el rol del Estado, la educación, los derechos y la prevención.

Para Mordoh, el desafío no consiste únicamente en sostener la vigencia formal de la norma, sino en garantizar las condiciones necesarias para que llegue efectivamente a las aulas y se traduzca en información, acompañamiento y acceso a recursos de salud.

Su planteo pone el foco en una cuestión central: la educación sexual no puede depender solamente de la voluntad individual de cada docente, de la apertura de una institución o de la posibilidad económica de cada familia. Requiere planificación, formación profesional, materiales, presupuesto y políticas públicas sostenidas.

La sexóloga insistió en la necesidad de incorporar la prevención como una herramienta fundamental para el cuidado de la salud y la construcción de vínculos saludables. Un mensaje que, a dos décadas de la ley, vuelve a interpelar las decisiones políticas y el compromiso del Estado con la educación y el bienestar de la sociedad.




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