“Los chicos nos están mostrando un síntoma de una sociedad que se ha vuelto violenta. No podemos tomarlo como un montón de loquitos queriendo llamar la atención: hay que tomarlo como una manifestación colectiva.”Tras la ola de amenazas virales en establecimientos educativos de todo el país —con pintadas en baños anunciando tiroteos y la detención de menores en colegios salteños como la Escuela Técnica República de la India y el Walter Adet— la licenciada en psicopedagogía Natalia Montero de la Red Foro Infancia advirtió que la respuesta policial y judicial es profundamente insuficiente.
La Lic. convocó a una pausa urgente para repensar qué está pasando con los adolescentes y los lazos sociales rotos, la violencia que irrumpe en las escuelas no nace en ellas. “La violencia no es escolar; irrumpe en la escuela, pero su origen está afuera”, afirmó, y llamó a correrse de la mirada que individualiza el fenómeno y lo reduce a casos aislados de chicos perturbados.
Para la especialista, la magnitud y la simultaneidad de las amenazas en distintos puntos del país es una señal de algo más profundo: un quiebre en los lazos sociales que deja a los adolescentes solos frente a las redes. “Los chicos nos están diciendo algo con esas inscripciones. Hay que preguntarse por qué ese contenido tan violento les pega, por qué prende eso y no otras cosas”, planteó.
“Les preguntamos a los chicos qué le preguntan a la inteligencia artificial sobre salud mental y nos dicen: cómo hacer amigos, cómo hacer para no estar tan solos.”
En ese contexto, la psicopedagoga compartió datos de una investigación en curso sobre inteligencia artificial y salud mental adolescente que llevan desde la Red Foro Infancia. Los resultados son elocuentes: los chicos le preguntan a la IA cómo relacionarse, cómo no sentirse solos. “Ahí está la pregunta”, dijo Montero: “¿qué nos está pasando como sociedad que se quiebran esos lazos?”.
Montero también cuestionó las respuestas institucionales que se impusieron ante los hechos. La revisión de mochilas alumno por alumno en algunos colegios le parece “desacertada” e intimidante. Las detenciones de menores le parecen insuficientes e ineficaces: “Bajaron la edad de imputabilidad y a los chicos no les importó para nada”. Y puso en duda incluso el recurso al encierro escolar como control: la solución, para ella, no pasa por el punitivismo sino por la escucha.
“Los chicos de la Federación de Centros de Estudiantes dicen: siempre nos dijeron que la escuela es nuestro segundo hogar, y ahora no lo es. Están reclamando cuidado”, por ello “Los chicos tienen que ver que la escuela y la familia están juntos en la tarea de cuidado”, sostuvo.
También llamó a recuperar espacios concretos que en otro momento tuvieron éxito, como los Centros de Actividades Juveniles (CAJ), donde los adolescentes encontraban pertenencia más allá del rendimiento académico. Y advirtió sobre un fenómeno que considera alarmante: la desvinculación escolar está creciendo nuevamente tras años de trabajo para revertirla.
“Hay que hacer una pausa ya, ahora. No hay más tiempo. Hay que sentarse con ellos, hablar con ellos. Los chicos están diciendo: vengan y pregúntennos a nosotros, queremos ser su fuente de información.”





