El secretario de Salud Mental y Adicciones de Salta, Martín Teruel, vinculó que “un joven que no puede trabajar tiene muy recortado su proyecto personal”.
Un suicidio cada dos horas a nivel nacional durante el año pasado. Ese dato, funcionó como certero punto de partida para que el psicólogo y funcionario provincial trazara un diagnóstico que excede lo clínico: para él, la raíz del problema hay que buscarla en las condiciones materiales de vida de una sociedad que no ofrece horizonte a buena parte de sus jóvenes.
“No se trata de gente que quiere morir”
Consultado sobre qué lleva a una persona a tomar una decisión tan drástica, Teruel fue categórico: quien atraviesa un proceso suicida no busca la muerte en sí misma, sino que “siente que ya no puede seguir con la vida que lleva”. Distinguió así el deseo de morir de la resignación frente a las dificultades cotidianas, y remarcó que se trata de un fenómeno “multideterminado”, donde conviven historias personales singulares con un contexto social que las atraviesa.
El costo humano de la exclusión laboral
El funcionario no eludió el dato más incómodo de la entrevista. Citando un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), señaló que apenas un 14% de los jóvenes accede a un empleo formal, mientras que siete de cada diez quedan directamente fuera del mercado laboral. La consecuencia, explicó, no es sólo económica: “No podés pensar de repente en independizarte de la familia, en irte a vivir a otro lugar, en formar pareja o en querer tener hijos”. Sin proyecto de vida ni horizonte, sostuvo, se erosiona la esperanza, y es ahí donde anida el riesgo.
Sobre el endeudamiento familiar como factor de riesgo, Teruel lo definió como “un factor precipitante”, aunque insistió en que forma parte de un cuadro más amplio de precarización.
Una demanda que crece hace una década
En paralelo al diagnóstico social, Teruel dio cuenta de un sistema de salud mental bajo fuerte presión: las consultas crecieron un 23% a nivel nacional y un 25% en Salta durante el último año. Buena parte de ese incremento, explicó, tiene que ver con personas que antes se atendían en consultorios privados y que hoy no pueden pagar esa atención o perdieron la obra social.
Frente a ese escenario, informó que esta semana el Ministerio de Salud incorporó 22 nuevos profesionales de salud mental a la provincia —11 nuevos ingresos y 11 residentes que completan su formación— con el objetivo de reforzar los centros de salud del interior y el primer nivel de atención.
Un dato que el propio secretario calificó de “interpelante”: la enorme mayoría de las personas que se quitaron la vida en Salta durante 2025 no tenían antecedentes de tratamiento psicológico ni psiquiátrico previo.
“La soledad globalizada”
Consultado sobre qué hace falta para fortalecer emocionalmente a la sociedad, Teruel apuntó a un fenómeno que definió como “la soledad globalizada”: personas hiperconectadas a las redes sociales pero cada vez más desprovistas de vínculos presenciales reales. “Podés ver a gente sentada en la misma mesa de un restaurante, cada uno mirando su teléfono”, graficó. Para el funcionario, reconstruir esos lazos sociales cercanos —familia, amigos, compañeros de trabajo o estudio— es la primera barrera de contención frente al dolor y la angustia.
Dónde pedir ayuda
Teruel detalló los canales de atención disponibles en la provincia: los centros de salud de barrio, los consultorios externos de los hospitales, las guardias hospitalarias para situaciones de urgencia y la línea 911, que además de su función policial cuenta con un servicio específico de salud mental para emergencias.
Cerró la entrevista con una definición que resume su enfoque de gestión: “La salud mental no es un problema individual o singular. La cuidamos y la construimos entre todos”.






