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La nueva ley electoral de Salta es, “una estafa piramidal”

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“Esta ley no pone el foco en mejorar el derecho del votante a elegir. Busca mejorar el derecho a ser elegido.”

José Gaufín, del Partido de la Reconquista, fue contundente al analizar la nueva reforma a la Ley Electoral provincial impulsada y aprobada por el bloque legislativo del gobernador Gustavo Sáenz: no es una herramienta de participación ciudadana, sino un diseño de ingeniería electoral al servicio de las grandes superestructuras políticas y, en particular, del oficialismo.
“Hay una buena cuota de cinismo en la declaración del gobernador”, arrancó Gaufín, en referencia a las declaraciones de Sáenz cuestionando que se hablara de elecciones en medio de los problemas cotidianos de los salteños. “Es su propio bloque el que ha presentado este proyecto en la legislatura y lo ha impulsado. Díganle a sus muchachos”, ironizó.
La ley electoral provincial data de 1987 y, según Gaufín, ya acumula quince reformas desde entonces. “Prácticamente tenemos una reforma electoral cada dos años y medio”, señaló, y advirtió que todas tienen el mismo patrón: el justicialismo en el poder —sea romerismo, urtubeyismo o saenzsinismo— modifica las reglas del juego para mejorar sus propias chances electorales.
El mecanismo central de la reforma es el sistema de acumulación de votos dentro de un frente electoral. Si antes las PASO permitían al ciudadano elegir entre candidatos internos sin que su voto se transfiriera automáticamente al ganador, ahora ese proceso desaparece: todos los votos obtenidos por los candidatos de un mismo frente se suman al que más votos cosecha. El ejemplo es demoledor: en las últimas elecciones para intendente de la ciudad de Salta, los votantes de Emiliano Durandó no hubieran querido que sus votos fueran a Bettina Romero, ni al revés. Con la nueva ley, esa voluntad queda anulada.
La arquitectura del sistema es, según Gaufín, una pirámide: un frente puede presentar una candidatura a gobernador, cuatro listas de intendentes, cuatro de legisladores provinciales y hasta tres listas de concejales por municipio. Todo ese caudal de votos converge hacia el candidato de la cima. “Es una estafa piramidal. Todos juntan votos para el de arriba y no se me escapa ninguno”, graficó con crudeza.
Otro artículo de la reforma agrava el panorama para las fuerzas emergentes: solo podrán presentar candidato a gobernador aquellos partidos o frentes que acrediten listas en al menos quince de los veintitrés departamentos de la provincia. Para el Partido de la Reconquista, que lleva cuatro años construyéndose desde cero con más de cuatro mil afiliados, el obstáculo es deliberado. “Nos quieren poner la pelota más difícil. Se van a equivocar con nosotros: si hay que presentarse en veinte, en treinta, en cincuenta municipios, lo haremos”, desafió.
Consultado sobre el escenario nacional y la posible candidatura de Mauricio Macri en 2027, Gaufín —ex militante del PRO— se mostró abierto al diálogo con su antigua fuerza política. Advirtió que se fue del PRO porque el partido abandonó las elecciones internas, pero que los valores republicanos que los unen siguen vigentes. “Los encuentros se pueden dar sin ningún problema”, afirmó.
Para Gaufín, Argentina necesita con urgencia una alternativa republicana sólida que no sea ni Milei ni el kirchnerismo. “No puede ser que la única alternativa al presidente sea el kirchnerismo. Eso le conviene al poder para que digamos: tenemos miedo de que vuelva el kirchnerismo, entonces votenme a mí”. Una frase que resume, en pocas palabras, tanto su lectura de la política nacional como la razón de ser del partido que conduce en Salta.




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