Julio Fazio, Vice de la Unión Industrial de Salta, advirtió que el verdadero riesgo para los trabajadores no es la tecnología, sino ignorarla.
La Unión Industrial de Salta (UIS) selló recientemente un convenio de cooperación con la Universidad Católica de Salta (UCASAL) para impulsar capacitaciones, cursos y proyectos de investigación y desarrollo orientados al sector productivo provincial. “El empleado tiene que tener miedo de no utilizar la inteligencia artificial”, sentenció Fazio, invirtiendo la lógica del temor más extendido entre los trabajadores. Para el dirigente industrial, la amenaza real no viene de la tecnología sino de quienes se nieguen a adoptarla: “Los que pueden quedar en el camino son los que no se adapten, los que no se capaciten”.
El acuerdo con UCASAL apunta precisamente a construir ese puente entre el mundo académico y el aparato productivo salteño. Según Fazio, la universidad aporta una oferta educativa amplia, un plantel docente consolidado y capacidades en laboratorios e investigación que hoy no están siendo aprovechadas plenamente por las empresas de la región.
“La productividad la logramos puertas adentro de nuestras fábricas, pero toda esa productividad la pierdo en manos de esquemas impositivos absolutamente regresivos.” y cruzó al ministro de Economía, Luis Caputo, quien declaró públicamente que no compra ropa en Argentina porque es cara. “Los que ponen los impuestos y las políticas económicas son desde el Ministerio de Economía”, recordó el dirigente, con una ironía que no dejó margen para interpretaciones.
Para ilustrar el llamado “costo argentino”, Fazio recurrió a un ejemplo contundente: un pantalón de la multinacional Zara fabricado en Marruecos cuesta 120 dólares en Buenos Aires, 80 en Santiago de Chile y 70 en España. “No podemos culpar a la fábrica de Marruecos por vender más caro en la Argentina”, afirmó, y señaló que el problema no es el producto sino la matriz de costos que opera en el país.
En ese contexto, Fazio planteó la necesidad de diferenciar entre productividad —que el empresario puede gestionar internamente— y competitividad, que depende del entorno: impuestos, infraestructura, logística, energía y financiamiento. Señaló que Argentina tiene apenas el 10% del PBI prestado por el sector financiero al sector privado, con tasas altas y plazos cortos, mientras que Brasil ronda el 80% con créditos industriales a 30 años.
Finalmente, el empresario cerámico —propietario de Cerámica Salteña— abogó por el valor agregado como motor del norte argentino. Citando a Manuel Belgrano, recordó que transformar el maíz en carne de cerdo o el grano en chacinados no sólo multiplica el valor económico, sino que genera trabajo en origen y reduce el peso devastador de los costos logísticos en una región alejada de los puertos. “Eso es lo que necesitamos fundamentalmente en nuestra región”, concluyó.





