“Tuvieron su trabajo, estuvieron insertados en el mercado laboral formal, y al perder esa posibilidad no pudieron seguir alquilando” — Luz Arévalos, directora general de Asistencia Crítica de la provincia de Salta.
En la noche más fría del año en Salta, 73 personas durmieron bajo techo gracias al hogar nocturno que la provincia gestiona junto a la Municipalidad en la calle 20 de Febrero 231. La directora general de Asistencia Crítica, Luz Arévalos, licenciada en Trabajo Social, dialogó con Hora 7 Radial y trazó un diagnóstico que incomoda: el fenómeno de la calle ya no es sólo el rostro histórico de la marginalidad. Hoy tiene cara de trabajador empobrecido.
Según Arévalos, alrededor de 15 a 20 personas de las 73 alojadas esa noche llegaron al hogar después de perder su empleo. Albañiles, changarines, trabajadores informales que sostuvieron durante un tiempo el pago de un alquiler y que, ante la pérdida del ingreso, se encontraron en la calle sin ninguna red de contención. “Acordate que por más que uno haga un contrato informal, cada tres meses te suben el alquiler”, señaló la funcionaria. Ese porcentaje —casi el 27% de la población asistida esa noche— representa una señal de alarma sobre el deterioro del mercado laboral y el acceso a la vivienda.
El hogar, que funciona desde el 4 de mayo hasta el 6 de septiembre, tiene capacidad para 75 personas en su sede principal y 16 adicionales en un anexo en el barrio Autódromo. Este año, a diferencia de temporadas anteriores, la población fluctúa más: hay personas en tránsito con destino a otras provincias o países —Bolivia, el norte profundo— que usan Salta como parada y que también carecen de recursos para alojarse. “La línea es muy finita”, admitió Arévalos al describir a esos viajeros: no son habitantes de calle en sentido estricto, pero tampoco tienen dónde dormir.
El esquema de trabajo es interinstitucional. La Policía realiza rondas en moto para identificar personas en riesgo. El sistema de salud, organismos de adicciones como Red Puente, equipos de trabajo social y el propio gobernador —quien pidió reemplazar el término “refugio” por “hogar de noche” para subrayar la dignidad del espacio— forman la trama de contención. Dos jóvenes que quisieron terminar su secundaria lo están haciendo gracias a coordinaciones con el BESPA municipal. La lógica es de acompañamiento progresivo: cada quince días se realizan entrevistas individuales porque, como precisó Arévalos, “no de un día para el otro nos van a contar toda una historia de vida dolorosa“.
El número de mujeres, aunque aún minoritario, genera preocupación. Donde antes había dos, ahora hay entre cinco y seis por noche. Y los adultos jóvenes desplazaron esta temporada a los adultos mayores como grupo dominante. Los datos, sistematizados año a año, permiten a la dirección proyectar demanda, dimensionar espacios y articular con los restantes municipios de la provincia —desde Cerrillos hasta Tartagal y Salvador Maza— que también han sido equipados con protocolos y mobiliario para dar respuesta en sus territorios.
Cuando Arévalos cerró la comunicación radial, el conductor sintetizó lo que muchos prefieren no nombrar: 20 de cada 73 personas que duermen en un hogar de emergencia estaban ahí porque perdieron el trabajo y no pudieron pagar un alquiler. El frío de esta noche salteña tiene, también, una temperatura política.






