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“Sin memoria no hay futuro”: La calle habló más fuerte que el negacionismo

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“Hoy, más que nunca, debemos salir a las calles para reivindicar la lucha de aquellos compañeros que entregaron su vida por un país más justo.” — Estela Mimessi

A 50 años del último golpe cívico-militar-eclesíastico, Salta salió a las calles en una marcha que convocó a dirigentes políticos, trabajadores universitarios y militantes. En el marco de los actos por el Día Nacional de la Memoria, tres voces con peso propio dijeron presente y además además se sumaron a la resistencia y la vigencia de los derechos humanos en tiempos de negacionismo.
Estela Mimessi, al frente de la Asociación del Personal No Docente de la Universidad Nacional de Salta (APUN), fue categórica: la universidad es el blanco preferido de quienes quieren borrar la memoria. “La universidad es la que nos cambia la manera de pensar”, advirtió, recordando que la institución tiene sus propios mártires en aquella etapa oscura.
Mimessi señaló que el financiamiento universitario continúa siendo una batalla judicial inconclusa: dos fallos ya favorecen al sistema, pero el Poder Ejecutivo recusó a uno de los jueces, frenando el desenlace definitivo. “Seguimos en las calles, seguimos sosteniendo la defensa de la universidad pública y la dignidad de los trabajadores”, afirmó con firmeza.
“Nosotros tenemos compañeros no docentes desaparecidos en la dictadura. Hoy reivindicamos su memoria y reivindicamos la universidad pública.”
El concejal Gustavo Farquarson convocó a reflexionar sobre los 43 años de democracia que el país lleva acumulados desde la caída de la dictadura. Con hijos adolescentes que ven aquella época como algo lejano, reconoció el desafío de transmitir la memoria a las nuevas generaciones: “Uno tiene que encontrar las herramientas para que vivan en el presente con memoria y que su futuro sea activo y solidario”.
Farquarson no eludió la tensión política cotidiana. Frente al avance de sectores libertarios en el Consejo Deliberante —con un discurso que calificó de “muy agresivo y virulento”— planteó el debate central: el rol del Estado. “Sin Estado no tendríamos salud, no tendríamos educación”, remarcó, y fue directo: “Desde que está Javier Milei, ni una escuela nueva, ni un hospital nuevo, ni un centro de salud nuevo, más despidos.”
“Hay que hacer ver a la sociedad que piensa que el Estado no sirve, cuál es la importancia que tiene. Esa es la cuestión hoy.”
Pablo Kosiner, interventor del Partido Justicialista de Salta, llegó a la marcha con una convicción: la ambigüedad, en este contexto, es una traición. “Hay momentos en la historia donde uno no puede ser ambiguo en las posiciones. Hoy es uno de esos”, fue tajante.
El dirigente identificó en el gobierno nacional una ideología de negacionismo explícito frente a los 30.000 desaparecidos y las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Kosiner llamó al peronismo a recuperar el contacto cara a cara con la militancia, frente a lo que describió como el peligro de un mundo gobernado por algoritmos y likes: “Tenemos un presidente que gobierna por redes sociales y no conoce la mirada de la gente a la que le toca gobernar.”
“El peronismo aportó la gran cantidad de compañeros desaparecidos, asesinados. No puede estar ajeno a esto. Hoy es retomar una identidad.”
Las tres voces coincidieron en un punto: el 24 de marzo de 2026, a medio siglo del golpe, la calle sigue siendo el único lugar donde la memoria no se negocia.




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