Este 30 de abril Paraguay acude a las urnas para elegir un nuevo presidente para los próximos cinco años y renovar su Congreso. Ante los altos índices de desigualdad y desempleo, la corrupción rampante y el narcotráfico que se fortalece en su triple frontera, el nuevo mandatario se enfrentará a un descontento social generalizado.
El Partido Colorado de visión Neoliberal y de derecha mantiene su hegemonía política que promete continuar aún con un eventual cambio en el Ejecutivo. Con la promesa de traer un “cambio”, a esta contienda electoral llegan dos candidatos con las mayores posibilidades de ganar: Santiago ‘Santi’ Peña, de la Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado –el movimiento oficialista, pero con divisiones internas, por lo que dentro de la bancada Peña representa la oposición al actual presidente, Mario Abdo Benítez– y Efraín Alegre, del Partido Liberal Radical Auténtico, dentro de la alianza de la Concertación para un Nuevo Paraguay, que agrupa 14 partidos y organizaciones opositoras.
Las elecciones son en una sola vuelta y deberá encarar un panorama político adverso y el hartazgo general entre la población de un país que por años ha sostenido una de las mayores tasas de corrupción en la región, al tiempo que más del 24% de sus habitantes se ubicó en situación de pobreza al terminar 2022, según datos divulgados el pasado marzo por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
El Congreso, al definirse 45 senadores y 80 diputados, también juega un rol importante de gobernabilidad para tratar de paliar la pobreza y la desigualdad aunque se destaca la baja inflación en el país no necesariamente significa un avance en el poder adquisitivo de los ciudadanos. La economía en Paraguay tiene una particularidad, son pobremente (24,7%) estables. Nunca han sufrido tasas hiperinflacionarias como Argentina o Bolivia, pero eso no significa que no haya pobreza.
El Covid-19 ha aumentado el desempleo y la informalidad laboral, así como la deserción escolar y la desocupación en la población joven. Por tanto, el reto para el próximo gobierno es doble, es un desafío de crecimiento y además de retribución de ese crecimiento que se pueda generar.
Hacemos un reconto
“El primero reside en la concentración de poder en las manos de un partido prácticamente y la falta de alternancia en el poder”, ya que el Partido Colorado ha gobernado la nación de manera continua desde 1954, con una sola excepción, entre 2008 y 2012, cuando el exobispo Fernando Lugo ganó el Ejecutivo, pero luego fue destituido en un juicio político precisamente impulsado por esa bancada, un golpe blando judicial, que luego recuperó el poder en las elecciones posteriores.
El segundo factor, resalta el experto, es la legislación laxa de controles insuficientes sobre el financiamiento de campañas electorales, que permite la financiación sin transparencia y favorece el clientelismo. Y, en tercer lugar, se encuentra la creciente presencia de actividades ligadas al narcotráfico, que ofrece un flujo de recursos ilícitos.
F: https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20230428-un-paraguay-pobremente-estable-y-de-corrupci%C3%B3n-enquistada-los-desaf%C3%ADos-del-pr%C3%B3ximo-gobierno





