Tailandia es el principal exportador de atún del mundo y su industria pesquera marina se presta especialmente a la esclavitud moderna. La inserción en el mundo es gracias a esta forma de esclavitud.
Tailandia es el principal exportador de atún del mundo y uno de los mayores exportadores de todo tipo de pescado. Su industria pesquera marina se presta especialmente a la esclavitud moderna debido a su tamaño, a la falta de regulación, a la gran cantidad de operaciones ilegales que se realizan bajo su paraguas y a la explotación de los trabajadores inmigrantes.
Hay más de 50.000 embarcaciones pesqueras y alrededor de 500.000 trabajadores en la industria. Investigaciones elaboradas por grupos como Greenpeace o la Organización Internacional del Trabajo alertan de que la mayoría de las personas que se suben a estos barcos cumplen todos los requisitos para ser considerados esclavos modernos: se ven forzados a trabajar bajo amenaza, son controlados o directamente son propiedad de sus jefes, son tratados como mercancía y no se les permite abandonar su puesto de trabajo.
En 2014, el 82% de los 172.430 pescadores repartidos en 42.512 barcos tailandeses eran inmigrantes, así como la mayoría de los empleados de plantas de procesamiento
Cualquier persona engañada o con la que se trafique para trabajar en localizaciones lejanas de su lugar de origen y a quien se le niegue la libertad de circulación, ya sea física o financiera, es un esclavo moderno.
Las estadísticas recopiladas por el Departamento de Pesca de Tailandia arrojan unos datos espeluznantes: en 2014, el 82% de los 172.430 pescadores repartidos en 42.512 barcos eran inmigrantes, así como la mayoría de los empleados de plantas de procesamiento. Los traficantes convencen a migrantes de Camboya y Birmania, principalmente, con promesas de trabajo bien remunerado, pero al llegar a Tailandia descubren que la historia no es como se la habían contado.
Los inmigrantes no tienen derecho a disfrutar de las protecciones que tienen los trabajadores tailandeses, y normalmente cobran un 25% menos del salario mínimo tailandés. Tampoco pueden unirse a los sindicatos, como sí pueden hacer los autóctonos.
Por lo tanto, al ser extranjeros y no haber recibido educación y habilidades comunicativas en el idioma tailandés, se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad a la explotación en una industria en la que las flotas rebeldes se mueven al margen de la ley con operaciones de pesca ilegales, y en la que la seguridad y las condiciones de trabajo se aplican de manera deficiente.
https://elpais.com/elpais/2019/01/16/planeta_futuro/1547638155_877234.html





