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El deshielo representa una amenaza para el ecosistema y las especies nativas.

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El Ártico podría quedarse sin hielo dentro de unos diez años. Asimismo, a finales de este siglo, los científicos calculan que el Ártico no tendrá por varios meses, incluso durante el invierno, hielo.

Un equipo científico proyecta que el hielo del Ártico podría desaparecer dentro de dos años durante los meses de verano y por completo dentro de una década, mucho antes que las estimaciones anteriores, según detalla un estudio publicado el martes (05.03.2024) por la revista Nature Reviews Earth & Environment.

Según el reporte, a medida que la capa de nieve y hielo disminuye, aumenta la cantidad de calor producida por los rayos solares que absorbe el océano, provocando el deshielo y el calentamiento del Ártico.

El hielo marino es importante por diferentes factores: sirve de protección y de hábitat para especies como pingüinos, focas y osos polares, especies nativas que podrían verse amenazadas por otras invasoras que gustan de aguas más cálidas, las cuales podrían transformar el ecosistema de la zona.

Asimismo, el hielo protege a las comunidades humanas costeras, evitando el impacto de las olas, que se hacen más grandes a medida que el hielo se derrite. El ritmo de deshielo actual transformaría el Ártico en un entorno completamente diferente, de un Ártico blanco de verano a un Ártico azul. Por eso, aunque sea inevitable que no haya hielo, debemos mantener nuestras emisiones al nivel más bajo posible para evitar que se produzcan heladas prolongadas

Las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida están perdiendo el triple de volumen que hace 30 años debido al calentamiento global. Este deshielo polar podría duplicar la subida del nivel del mar.

Groenlandiaes una enorme región del Ártico, la isla más grande del mundo, que suele estar siempre helada, en un estudio reciente mostró que registra el clima más cálido de los últimos 1000 años. El deshielo resultante en el Ártico fue responsable del 40 por ciento de la subida del nivel del mar en 2019.

La desaparición del hielo significaría una pérdida de hábitat para la fauna local, como focas, osos y morsas.

Se teme que el glaciar Thwaites, del tamaño de Florida y el mayor trozo de hielo del planeta, esté empezando a resquebrajarse debido al calentamiento de las aguas antárticas.

Desde 1979 y hasta el 2021, el Ártico se calentó cuatro veces más que el resto del planeta,según los científicos. Pero esto es tan grave que se espera que la mayor parte de la capa de hielo de Groenlandia se derrita si la temperatura global aumenta 1,6 grados con respecto al inicio de la industrialización. Si eso ocurre, el nivel del mar podría subir siete metros. 

Se cree que el Ártico se calienta más rápido que la Antártida porque hay mucha más agua circundante en la región durante el verano y el otoño, cuando disminuye el hielo marino. Este agua absorbe la luz solar a diferencia del hielo, que la refleja y, como consecuencia, el océano se calienta.

Dado que el Ártico es un océano y está formado en su mayor parte por hielo marino, también se ha visto más afectado por el aumento de las temperaturas oceánicas que la Antártida, que está formada en su mayor parte por tierra cubierta de hielo. Además, las corrientes oceánicas del Océano Antártico tienden a traer aguas frías profundas que mantienen la región relativamente fría. Aun así, el deshielo en la Antártida ha aumentado un 65 por ciento respecto a la década de 1990.

Los glaciares de montaña del mundo, que suman unos 200.000, se están derritiendo mucho más rápido de lo que pueden acumularse en la actualidad. El problema es que, aunque sólo cubren menos del 0,5 por ciento de la superficie terrestre, estas “torres de agua” proporcionan agua dulce a una cuarta parte de la población mundial.

Los glaciares también alimentan los ríos que riegan los cultivos de los que dependen cientos de millones de personas en Asia, Sudamérica y Europa para sobrevivir. Sin ellos, muchas personas padecerán sed y hambre.

Los científicos afirman que el retroceso de los glaciares de montaña ha puesto a casi 2.000 millones de personas en riesgo de escasez de agua. Ciudades sudamericanas como Santiago de Chile han visto cómo gran parte de su suministro de agua potable se agotaba a medida que retrocedían los glaciares de la cercana cordillera de los Andes.




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