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Alerta silenciosa: crece la demanda psicológica en policías salteños por estrés laboral extremo

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El psicólogo clínico Daniel Agüero advirtió sobre el preocupante aumento de consultas de efectivos de las fuerzas de seguridad. Denunció condiciones de trabajo inhumanas, miedo a represalias y una precarización laboral que impacta de lleno en la salud mental, familiar y social de quienes deben cuidarnos.El reconocido psicólogo clínico y doctor en Ciencias Sociales Daniel Agüero encendió una señal de alerta: 15 de cada 20 pacientes que atiende actualmente pertenecen a las fuerzas de seguridad. Esta cifra refleja una *epidemia silenciosa* de estrés, ansiedad, ataques de pánico, somatizaciones y crisis familiares entre policías salteños, en un contexto de precarización y abandono institucional.

“Estamos frente a un fenómeno alarmante. Policías que no tienen dónde ir al baño, que deben comprarse su propio uniforme, que trabajan jornadas de hasta 12 horas bajo el frío, la lluvia o el calor sin un mínimo espacio de descanso”, explicó Agüero. Según el especialista, las condiciones laborales vulneran derechos básicos y afectan directamente la estabilidad emocional de los agentes.

Agüero enfatizó que muchos efectivos tienen miedo de hablar o denunciar por temor a sanciones o despidos. “El estrés postraumático es moneda corriente, y el miedo a cometer errores se convierte en una carga emocional que impacta en sus vínculos personales, en su salud física y mental, y también en su accionar como servidores públicos”, alertó.
Entre los síntomas más comunes que atiende en su consultorio, Agüero enumeró: dolores en el pecho, colon irritable, crisis de angustia, trastornos del sueño y cuadros de celotipia —un miedo desmedido a la infidelidad que está generando un fuerte deterioro en la vida de pareja y en las dinámicas familiares. “Las mujeres policías llegan a casa exhaustas, deben encargarse solas de los hijos, y el contexto las va desgastando hasta quebrarlas. Lo mismo ocurre con los hombres. Se destruyen familias enteras”, remarcó.

El especialista también hizo hincapié en cómo esta situación afecta a la comunidad toda. “Un policía sobrecargado, mal alimentado, sin recursos ni contención, pierde tolerancia a la frustración. Su reacción ante un conflicto puede ser desproporcionada. Esto pone en riesgo tanto a la ciudadanía como al propio agente.”
Además, criticó duramente el nuevo régimen laboral que se quiere imponer, conocido como “3×3”, donde los efectivos deberán trabajar 12 horas por día, durante tres jornadas consecutivas, sin posibilidad de realizar adicionales, lo que agrava aún más su situación económica.
“Estamos ante una crisis estructural —sostuvo—, donde los policías deben comprarse hasta las balas, y muchos hacen guardias sin acceso a un baño digno o sin siquiera un móvil oficial para patrullar. La salud mental del personal está totalmente desbordada.”

Frente a este escenario, Agüero fue categórico: “No hay gremio que los proteja, no hay protocolos de cuidado emocional, y el idealismo con el que muchos ingresaron a la fuerza se está desmoronando. Lo que comenzó como una vocación de servicio se está convirtiendo en una carga insostenible.”
El testimonio del psicólogo evidencia una realidad invisibilizada, donde los encargados de velar por la seguridad ciudadana trabajan en condiciones degradantes que los empujan al límite físico y emocional. “La lucha por sobrevivir dentro de la institución muchas veces termina en carpetas médicas, en rupturas familiares o en un mutismo que, tarde o temprano, explota”, concluyó.

Mientras la sociedad exige respuestas y garantías de seguridad, quienes deben brindar esa seguridad viven al borde del colapso emocional. El llamado de Daniel Agüero no solo interpela a las autoridades, sino también a la ciudadanía: es hora de poner en agenda la salud mental de las fuerzas de seguridad, no como un privilegio, sino como una necesidad urgente y una responsabilidad colectiva.




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