Los abusos, tanto sexuales como de poder, cometidos contra las monjas en el seno de la Iglesia católica es un tema espinoso que el Vaticano aún no ha abordado plenamente, como sí ha hecho con los abusos sexuales a menores que han sacudido a la institución en las últimas décadas.
El suplemento mensual femenino del diario vaticano L’Osservatore Romano ofrece una panorámica demoledora de los abusos y la explotación laboral que sufren las monjas. Constata que se dan casos de agotamiento laboral y estrés postraumático, un tema que hasta ahora había sido tabú.
En una entrevista, el prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal João Braz de Aviz, admite que a su dicasterio llegan informes de casos de abusos a religiosas por parte de sacerdotes y que se están investigando. Si las víctimas de este tipo de crímenes son religiosas o religiosos, las denuncias las gestiona este organismo de la Santa Sede, a diferencia de los abusos a menores o a adultos laicos o seminaristas, de los que se ocupa la Congregación para la Doctrina de la Fe, con mayores competencias. Cuando se trata de monjas faltan reglas precisas que dicten cómo proceder y protocolos actualizados de prevención.
El purpurado responsable del ente que gestiona los conventos también muestra su preocupación porque “empiezan a aparecer casos de abuso sexual entre monjas”, un “fenómeno que ha permanecido más oculto”, pero que “tendrá que salir a la luz”. “En una congregación nos han señalado hasta nueve sucesos”, apunta.
El papa Francisco ha pedido “transparencia total” en los casos de violencia sexual sobre las monjas, en su primera homilía del año lanzó un fuerte alegato contra la violencia que sufren las mujeres, dentro y fuera de la Iglesia, admitió el año pasado que existen casos de abusos a las monjas por parte de sacerdotes y obispos. “No es algo que todos hagan, pero hay sacerdotes y obispos que lo hicieron, y aún lo hacen”, dijo en el vuelo de regreso de su viaje a Emiratos Árabes Unidos. “¿Tenemos que hacer aún más? Sí. ¿Tenemos la voluntad? Sí. Pero es un camino que viene recorriéndose desde hace tiempo”, añadió.
Los abusos sexuales dentro de las congregaciones religiosas no son un fenómeno nuevo ni reciente. Comenzaron a denunciarse en los años noventa. En 1995 la religiosa Maura O’Donohue presentó un informe sobrecogedor que destapó un panorama desolador, sobre todo en África: casos de novicias violadas por sacerdotes; médicos de hospitales católicos que se ven asediados por curas que les llevaban “a monjas y otras jóvenes para abortar”; o superioras que denunciaron la situación y acabaron suspendidas. En los últimos años han salido a la luz casos en todo el mundo, que aún no han recibido respuesta.
F: https://elpais.com/sociedad/2020/01/24/actualidad/1579875986_054823.html





