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A 50 años del 24 de Marzo: MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

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“La historia no se puede correr: siempre está vomitándose”.

A cincuenta años del golpe cívico-militar-eclesiástico y patriarcal del 24 de marzo de 1976, Martín Arancibia, licenciado en Ciencias Políticas e hijo de desaparecidos, reflexionó sobre la memoria colectiva, la justicia pendiente y los peligros del olvido en tiempos en que la teoría de los dos demonios vuelve a asomar en el discurso público.
En vísperas del aniversario, Arancibia recibió una noticia que calificó como “excelente en materia de memoria”: la Cámara de Casación confirmó la sentencia que condenó a cuatro represores por el asesinato de cinco personas en los vuelos de la muerte en Campo de Mayo, entre ellas su propio padre. Los condenados, de alrededor de 80 años, habían intentado que el tribunal declarara nulo el juicio. No lo lograron.
La sentencia también obligó al diario Clarín a rectificar su versión sobre la apropiación de los hijos de desaparecidos. “El diario Clarín sostenía que nosotros fuimos abandonados por nuestros padres”, recordó Arancibia. La resolución de Casación confirmó que esa afirmación era falsa. “Tarda en llegar, pero llega”, sintetizó con convicción.
El politólogo fue categórico ante la reciente desclasificación de documentos de la SIDE promovida por el Gobierno Nacional —que abarcan el período 1973-1983— y que algunos interpretan como un intento de equiparar la militancia política con el terrorismo: “Lo que se estaba castigando era la participación política y el poder opinar. No importa a qué partido se afiliaban o lo que pensaban: el Estado de Derecho les avalaba la posibilidad de pensar y de disentir“.

“Lo que se estaba castigando era la participación política y el poder opinar. El Estado de Derecho les avalaba la posibilidad de pensar y de disentir. Si tenían acciones ilegales, debían tener un trato justo. Eso es lo que se busca con memoria, verdad y justicia.”

“La historia no es una opinión”, ante la vuelta de la teoría de los dos demonios, explica que existe una responsabilidad generacional en haber permitido que esa narrativa gane terreno entre los jóvenes, para quienes ese discurso es, en ocasiones, apenas un relato lejano sin resolver.
Arancibia hizo referencia a los recientes hallazgos en sitios como La Perla, en Córdoba, donde restos de víctimas continúan emergiendo del suelo. “A todas las sociedades les gusta ocultar sus miserias”, reflexionó, “pero la historia no se puede correr y siempre está vomitándose“. Para los familiares que aún esperan, la demanda es una sola: saber dónde están sus seres queridos. “Ellos tienen un pacto de silencio, pero ese pacto es totalmente inútil”, afirmó.
Al cierre de la entrevista, Arancibia convocó a participar de la marcha del 24 de marzo, que este año adquiere un peso simbólico especial al cumplirse medio siglo del golpe. “Nos ponen un espejo de aquellas personas que hoy ya no están y que siguen marchando también por un país mejor”, dijo. Su mensaje final fue un compromiso intergeneracional: seguir educando, compartir memoria y construir un espacio donde pensar diferente no esté mal visto y donde la violencia no sea el eje de ninguna conversación.




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