«El conflicto no es el problema, sino la falta de gestión del conflicto», sostuvo la mediadora Susana Urdinez, referente de la Unidad Provincial de Apoyo a la Comunidad Educativa (UPACE). Aseguró que el Ministerio de Educación de Salta dejó atrás el esquema de amonestaciones y expulsiones para apostar a la prevención, el diálogo y la corresponsabilidad de las familias.
La difusión de un caso de hostigamiento a una alumna secundaria de Catamarca, que durante cinco años habría sufrido bullying, volvió a instalar el debate sobre qué hace cada provincia ante la violencia entre pares. En Salta, la respuesta pasa por la capacitación y la intervención temprana, explicó Urdinez, profesora y mediadora.
Un equipo para actuar antes del estallido
La UPACE trabaja junto al Programa de Orientación Escolar (POE), presente en algunas instituciones, y con los supervisores de cada nivel, que se ocupan de lo académico. «Tratamos de ser preventivos, trabajar previo a cualquier escalada de los conflictos, para que no se transformen en violencia», señaló.
Para Urdinez, el problema no se resuelve ocultándolo: «Los conflictos no los podemos esconder bajo la alfombra, porque se transforman en grandes bolas de nieve». La herramienta central, dijo, es «el diálogo y la escucha activa». Agregó que «las cosas no estallan de un momento a otro: son procesos, los problemas tienen historia».
La Resolución 115: intervención obligatoria
El marco legal es la Resolución 115 de 2026, que crea el régimen provincial de intervención obligatoria ante situaciones de acoso escolar y de violencia entre pares. Según explicó, el protocolo obliga a:
- detectar y registrar la situación;
- comunicarla de inmediato a las autoridades;
- adoptar medidas de resguardo;
- avisar a los padres o tutores;
- articular con los equipos técnicos;
- aplicar medidas pedagógicas, preventivas y restaurativas, como talleres de convivencia o de manejo de emociones.
El enfoque, afirmó, «se aleja totalmente del sistema punitivo», en el que se señalaba, se rotulaba y se expulsaba al estudiante. «No es quién empezó, sino cómo continuamos», resumió.
Familias: «Corresponsabilidad»
Ante padres que reclaman la expulsión del agresor o amenazan con esperarlo a la salida, la respuesta es el diálogo: escuchar por qué piensan así y explicarles el nuevo enfoque. Recordó que los chicos pasan 19 o 20 horas por día con sus familias y apenas cuatro o cinco en la escuela. «La escuela puede hacer un 40 o un 50%, pero el resto lo hace la familia», sostuvo, y advirtió que no se puede «desligar toda la responsabilidad en la escuela, en el docente, en el director».
Consultada sobre el impacto de las redes sociales, evitó culparlas: «No sé si lo potenció, pero sí lo cambió. No es lo mismo un adolescente hoy que ayer». Pidió acompañar, escuchar «sin censurar» y entender que detrás de la rebeldía «está pidiendo atención, está pidiendo protección».






