“La salud mental es tan o más importante que la salud física”, el hospital Miguel Ragonequedó chico ante una demanda sin precedentes.
El Dr. Facundo Frissia, neurólogo y gerente del hospital psiquiátrico Miguel Ragone de Salta, confirmó que el establecimiento superó su capacidad operativa y funciona con personal insuficiente para atender una demanda de salud mental que no para de crecer. La frase que sintetizó el cuadro fue lapidaria: “La sábana es corta. Siempre quedamos cortos”.
El Ragone, único hospital de nivel 4 en salud mental de la provincia, pasó de 120 a 138 pacientes internados, muchos de ellos con décadas de internación y sin red familiar que los contenga. Frissia explicó que el aumento no responde únicamente a mayor demanda espontánea, sino también a internaciones involuntarias ordenadas por la justicia que el hospital no puede rechazar por mandato de la Ley de Salud Mental. “No se les puede decir que no”, reconoció el médico con visible preocupación.
A esto se suma la deserción de psiquiatras. La especialidad, admitió Frissia, no resulta atractiva para los médicos recién egresados, y el hospital depende casi exclusivamente de los residentes que se forman en sus propias aulas. Hace tiempo se realizó una convocatoria nacional de cargos sin éxito. Hoy, el plantel se sostiene con voluntad y vocación, pero con evidentes signos de agotamiento.
Con matices, el especialista reconoció avances en la gestión provincial. Destacó que en 75 años el Ragone nunca había recibido reformas edilicias de envergadura, y que la actual administración del gobernador Gustavo Sáenz demolió y reconstruyó las dos salas más deterioradas. Elogió también la descentralización de la atención: nuevos centros de salud mental fueron habilitados en hospitales del interior como Orán, Tartagal, Güemes, Rosario de la Frontera y Metán, evitando el desarraigo de los pacientes.
Sin embargo, Frissia fue claro al señalar que estos avances no alcanzan. El sistema privado de salud mental se contrajo por la crisis económica y las obras sociales redujeron coberturas, lo que volcó masivamente a los pacientes al sector público. “La parte privada se redujo y eso se vuelca a la parte pública. Entonces es complicado”, graficó el médico.
Frissia apuntó también contra el estigma social que rodea a la salud mental y en particular al Ragone. Contó que muchos pacientes de la provincia se niegan a consultar a un psiquiatra por miedo a ser catalogados como “locos”. “No es un problema de locura, es un tema químico del cerebro”, subrayó, y llamó a tratar la salud mental con la misma naturalidad que la salud física.
En el tramo final de la entrevista, Frissia introdujo un concepto que generó impacto por su sencillez y contundencia: la higiene del sueño como herramienta preventiva de primer orden. Explicó que el insomnio actúa como “gatillo” de patologías como la depresión, la ansiedad y las crisis de pánico, y que mejorar la calidad del sueño —sin medicación— produce mejoras concretas en el humor, la atención y la salud física general.
“Desde lo mínimo que es la higiene del sueño, a cosas un poco más serias”, sintetizó el neurólogo, sugiriendo que el sistema de salud debería incorporar este tipo de intervenciones simples antes de llegar a situaciones de crisis que terminen en las puertas del Ragone.





