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“Argentina perdió décadas vitales en materia de inteligencia”

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“Hemos perdido décadas de poder prepararnos, de poder adaptarnos ante una situación de riesgo”, advirtió el experto en terrorismo sobre el estado de las capacidades argentinas frente a amenazas globales.

El licenciado en Relaciones Internacionales y experto en terrorismo Alejandro Cassaglia analizó en profundidad el reciente ataque en Sydney, Australia, donde dos atacantes dejaron un saldo de 16 fallecidos y más de 40 heridos durante una celebración de Hanukkah de la comunidad judía. Lejos de considerar a Argentina como un territorio ajeno a estas amenazas, el especialista fue contundente: el país no está preparado y arrastra décadas de desinversión en inteligencia y seguridad.
Cassaglia recordó que Argentina ya sufrió los devastadores atentados de 1992 y 1994, ordenados por la teocracia iraní y ejecutados por Hezbollah. “Lamentablemente el antisemitismo ha hecho raíces, no solamente en la Argentina, sino en todo el mundo“, señaló, mencionando los ataques recurrentes al cementerio judío de Ciudadela y otras expresiones de violencia contra la comunidad judía.
El experto destacó que este tipo de ataques “low cost” o de bajo costo ya tienen antecedentes en la región, citando el caso de Paysandú, Uruguay, en 2016, donde un ciudadano autorradicalizado apuñaló a dos personas de religión judía, cobrándose una vida.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la diferenciación entre el islam como religión de paz y el islamismo radical como ideología violenta. “El 95% de los 1.700 millones de musulmanes en el mundo son pacíficos”, explicó Cassaglia, advirtiendo sobre el peligro de caer en la islamofobia y meter “a todos en la misma bolsa”.
El especialista subrayó que los principales damnificados del terrorismo radical son los propios musulmanes, citando los ataques constantes en países árabes como Irak. “El profeta Muhammad decía que quien mate una mujer, un niño, un anciano, un no combatiente, iba a arder en el infierno”, recordó, destacando que estos grupos violentos deforman completamente los principios del islam.
Cassaglia fue particularmente crítico con la gestión de los organismos de inteligencia en las últimas décadas. Mencionó específicamente el caso de Cristina Caamaño, quien reveló la identidad de agentes argentinos desplegados en el mundo, calificándolo como un acto de “total irresponsabilidad o total intencionalidad de destruir”.
“El organismo de inteligencia se tiene que dedicar precisamente a obtener información, a hacer análisis y que ese análisis permita al decisor tomar las medidas adecuadas para prevenir un ataque terrorista”, explicó. Sin embargo, lamentó que los gobiernos hayan desviado ese objetivo hacia la inteligencia política: “Se utilizan medios para ver qué político duerme con quién, qué apetencias sexuales tiene, y es todo un esfuerzo que se despilfarra en cuestiones políticas”.
Si bien reconoció que el actual gobierno está trabajando en reconstruir las capacidades de inteligencia y defensa, Cassaglia advirtió que el proceso es largo y complejo. “Preparar un especialista en temas de antiterrorismo, un analista de inteligencia en estos temas, lleva muchísimo tiempo”, explicó.
Consultado sobre la propuesta de liberalizar la venta de armas, Cassaglia fue categórico en su rechazo: “No soy partidario de la venta indiscriminada de armas. Las experiencias en el mundo no son buenas“. Citó el caso de Estados Unidos como ejemplo de las consecuencias negativas de este tipo de políticas.
Sin embargo, reconoció el dilema que enfrenta la población: “Ante la ausencia de protección del Estado, la gente sale a armarse para tratar de protegerse de la gran ola de inseguridad que nos viene sacudiendo desde hace por lo menos dos décadas”.
Cassaglia cerró su análisis con una reflexión sobre la necesidad de evaluar los resultados a largo plazo. “Cuando me dicen ¿estás conforme con tal gobierno? Mira, cuando termine el mandato te cuento, porque mientras tanto uno a veces se entusiasma y después las situaciones terminan causándonos una gran frustración”, concluyó, dejando en claro que el reordenamiento de los organismos de inteligencia será clave para determinar si Argentina podrá recuperar el tiempo perdido.




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