“Cierres masivos, insumos por las nubes y salarios que no alcanzan. Mientras tanto, los políticos miran para otro lado”, denuncia Daniel Romano, referente de los panaderos de Salta.

La crisis no espera. Entre 14.000 y 16.000 panaderías cerraron sus puertas en el país. En Salta, los barrios sienten cada día el golpe: pan fresco y medialunas del día anterior se venden como un lujo, y trabajadores pierden su fuente de ingreso.
Daniel Romano, presidente de la Cámara de Panaderías de Salta, no se guarda nada: “Estamos en una situación crítica. La gente no tiene plata para comprar pan fresco, y los insumos suben hasta un 25% en semanas. La política económica mata a las pymes y condena familias enteras al desempleo”.
El dirigente denuncia la desigualdad que atraviesa el sector: mientras grandes negocios sobreviven con créditos imposibles de rechazar, las panaderías de barrio luchan por subsistir. “Cada panadería que cierra deja al menos cuatro familias sin trabajo. Esto no es un número, son vidas que el Estado ignora”, afirma Romano.
Sobre los vendedores callejeros, el mensaje es claro: “Algunos sobreviven porque no tienen otra opción. Otros son explotados por panaderías ilegales. La sociedad está golpeada, y aun así muchos miran para otro lado”.
Romano lanza un mensaje directo a los políticos: “Se están cerrando lugares históricos, empresas que daban trabajo, y nadie hace nada. El Estado debería proteger a quienes generan empleo, pero hoy estamos a merced de tasas usureras y aumentos diarios de insumos. Es un abandono total”.
La realidad es brutal: los chicos dejan de comprar facturas, las madres no pueden llevar pan al colegio, y las pymes luchan contra un sistema que las ahoga. Mientras los políticos debaten y posan en fotos, los argentinos sienten el hambre y la desprotección.
“No es inflación, es abandono. No son cifras, son familias. Y el Estado mira para otro lado.” Denunció Romano.
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