Un nuevo estudio, a través de satélites, muestra lo rápido que retroceden las capas de hielo en la Antártida Occidental. Se derriten a un ritmo de hasta 30 metros por día en los últimos años, pero podría llegar a retroceder en ráfagas de hasta 600 metros al día.
Si la capa de hielo de la Antártida deshiela sus agua serán suficiente para elevar el nivel global del mar en más de 57 metros y esto inundaría cientos de ciudades de todo el mundo. Y las pruebas sugieren que se está derritiendo rápidamente. Si bien el registro por satélite de los cambios en la capa de hielo es relativamente corto, ya que sólo se dispone de 50 años de observaciones. Esto limita nuestra comprensión de cómo han evolucionado las capas de hielo a lo largo de periodos de tiempo más prolongados, incluida la velocidad máxima a la que pueden retroceder y las partes más vulnerables al deshielo.
Así que nos propusimos investigar cómo respondieron las capas de hielo durante un periodo anterior de calentamiento climático: la última “deglaciación”. Este cambio climático se produjo hace aproximadamente 20.000 y 11.000 años y abarcó la transición de la Tierra desde un periodo glaciar, en el que las capas de hielo cubrían grandes partes de Europa y Norteamérica, al período en el que vivimos actualmente (denominado periodo interglaciar del Holoceno).
Durante la última deglaciación, los índices de temperatura y de aumento del nivel del mar eran comparables a los actuales. Así pues, el estudio de los cambios en las capas de hielo durante este período nos ha permitido estimar cómo podrían responder las dos capas de hielo que quedan en la Tierra (Groenlandia y la Antártida) a un clima aún más cálido en el futuro.
Nuestros resultados publicados recientemente muestran que las capas de hielo son capaces de retroceder en ráfagas de hasta 600 metros al día. Esto es mucho más rápido de lo que se ha observado hasta ahora desde el espacio.
Nuestra investigación utilizó mapas de alta resolución del fondo marino noruego para identificar pequeñas formas terrestres denominadas “crestas onduladas”. Estas crestas de 1-2 metros de altura se produjeron cuando una antigua capa de hielo se retiró durante la última deglaciación.
Las mareas movían la capa de hielo hacia arriba y hacia abajo. Con la marea baja, la capa de hielo descansaba sobre el fondo marino, lo que empujaba el sedimento del borde de la capa de hielo hacia arriba formando crestas. Dado que en Noruega hay dos mareas bajas al día, cada día se producen dos crestas distintas. La medición del espacio entre estas crestas nos permitió calcular el ritmo de retroceso de la capa de hielo.
Durante la última deglaciación, la Capa de Hielo Escandinava que estudiamos experimentó pulsos de retroceso extremadamente rápidos, a ritmos de entre 50 y 600 metros al día. Estos ritmos son hasta 20 veces más rápidos que la mayor velocidad de retroceso de la capa de hielo que se ha medido hasta ahora en la Antártida desde satélites.
El derretimiento de los polos: una realidad urgente
Nuestros resultados arrojan nueva luz sobre el modo en que las capas de hielo interactúan con sus lechos a lo largo de diferentes escalas temporales. Las altas tasas de retroceso pueden producirse a lo largo de décadas o siglos cuando el lecho de una capa de hielo se introduce tierra adentro. Pero hemos descubierto que las capas de hielo de las regiones llanas son más vulnerables a un retroceso extremadamente rápido en escalas de tiempo mucho más cortas.
Junto con los datos sobre la forma de los lechos de las capas de hielo, la incorporación de este mecanismo de retroceso a corto plazo en las simulaciones por ordenador será fundamental para predecir con exactitud las tasas de cambio de las capas de hielo y el aumento del nivel del mar en el futuro.
*Artículo elaborado por Christine Batchelor, Lecturer in Physical Geography, Newcastle University; y Frazer Christie, Postdoctoral Research Associate, University of Cambridge, para el sitio de divulgación científica The Conversation.





