Hace 245 años nacía el genio militar y político que liberaría a medio continente americano. José Francisco de San Martín y Matorras.
Los padres. Juan de San Martín y Gregoria Matorras se habían conocido en España y se casarían en el Río de la Plata. Tuvieron cinco hijos, María Elena (1771); Manuel Tadeo (1772) y Juan Fermín Rafael (1774), sus dos últimos hijos Rufino (1776) y José Francisco (1778), nacieron en Yapeyú.
La familia San Martín se alojó en lo que había sido la residencia de los jesuitas, al lado de la iglesia, frente a la plaza, donde había una imagen de la Virgen María tallada por los indígenas. Era una cómoda vivienda, donde además funcionaban los almacenes y otras dependencias, además de una biblioteca de cuatro mil volúmenes. La construcción fue levantada con ladrillos de argamasa, elaborados por los propios indígenas.
José Francisco o Francisco José (como habría figurado en el acta) nació el miércoles 25 de febrero de 1778 y bautizado al día siguiente por el cura local, el fraile dominico Francisco de le Pera. Cristóbal de Aguirre, un comerciante porteño y Josefa de Matorras fueron los padrinos.
Se supone que en la invasión portuguesa del 13 de febrero de 1817, cuando Yapeyú fue saqueada e incendiada, se perdieron los registros parroquiales. En los primeros años del siglo veinte apareció una copia del acta de bautismo, que también desaparecería con el incendio de la Curia metropolitana en 1955.
Rosa Guarú, que también la menciona como Juana Cristaldo, tal vez porque se usaba ponerles nombres “cristianos” a los esclavos y sirvientes, al servicio de los San Martín, crió a José. Fue la que le enseñó a caminar y con el que jugaba a la sombra de la higuera que estaba en el centro del pueblo, esa higuera a la que Rosa seguramente le habrá dicho al niño que los guaraníes la llamaban “ibapoy”.
La familia recibió la orden de regresar a España, junto con un contingente de militares que no tenían destino en el nuevo continente, se embarcó en la fragata de guerra Santa Balbina y luego de 108 días de viaje, anclaron en Cádiz el 23 de marzo de 1784.
José comenzó a asistir, mañana y tarde, a la Escuela de las Temporalidades, en Málaga, a tres cuadras de donde vivían. Los padres pagaban cuatro reales diarios, para sus compañeros, era el “indiano”, debido a su procedencia, su tez oscura y su acento. Si bien no sobresalió en sus estudios, demostró una especial habilidad por el dibujo y la música. “Podía haberme ganado la vida pintando paisajes de abanicos”, escribiría muchos años más tarde.
El 1 de julio de 1789 a sus 11 años cuando pidió entrar como voluntario en el Regimiento de Murcia. Su uniforme blanco, con el cuello y botamangas azules y el sombrero negro de tres picos marcaría su inicio en el duro oficio de guerrear y conducir.
La historia ya conoce su epopeya, lo recordamos en el 245 años de su Natalicio a Francisco José, como ejemplo perdurable de ……”todo lo que esta bien”





